El poder de compra de las asignaciones familiares destinadas a los trabajadores formales se redujo un 45% entre 2016 y septiembre de 2026. De acuerdo con una investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), el beneficio que perciben los asalariados registrados quedó muy rezagado frente a la Asignación Universal por Hijo (AUH), profundizando la brecha entre ambos regímenes.
Si bien las dos prestaciones se actualizan mensualmente por el índice de precios al consumidor desde mediados de 2024, el Sistema Único de Asignaciones Familiares (SUAF) no recuperó el terreno cedido durante los años previos. En cambio, la AUH duplicó su valor en 2024 y sumó desde 2020 el aporte de la Prestación Alimentar, lo que permitió que su capacidad adquisitiva conjunta creciera un 60% en comparación con diez años atrás.
El impacto sobre la mesa familiar muestra un deterioro marcado en el sector asalariado. Para una familia tipo de cuatro integrantes ubicada en el escalón de ingresos más bajo (tramo 1), la cobertura de la Canasta Básica Alimentaria cayó del 40% en 2016 al 20,8% en septiembre de 2026. Por su parte, la combinación de AUH y el programa Alimentar pasó de costear el 32% a garantizar el 48,7% de esa canasta en idéntico período.
Las diferencias se traducen en sumas dispares en el Gran Buenos Aires: en septiembre de 2026, un hogar con dos menores percibió $359.749 bajo el esquema de AUH y Alimentar, cifra que subió a $519.100 para tres hijos. En contrapartida, un trabajador del tramo 1 del SUAF obtuvo $154.050 por dos hijos y $231.075 por tres, mientras que los beneficiarios del tramo 4 cobraron únicamente $32.434 y $48.651, respectivamente.
Uno de los puntos centrales del reporte revela que los empleados del tramo más vulnerable presentan condiciones de vida prácticamente idénticas a las de quienes cobran la AUH. En el primer trimestre de 2026, la pobreza alcanzó al 61% de los hogares del tramo 1 del SUAF y la indigencia al 15%, frente al 64% y 14% observados en el universo de la asignación no contributiva. En ambos sectores, el 60% de los hogares está a cargo de mujeres y predomina la jefatura monomarental.
A pesar de este diagnóstico similar, la asistencia estatal que reciben los asalariados del tramo 1 es 2,3 veces más baja. Esto explica por qué el SUAF apenas reduce la indigencia en 11 puntos porcentuales en ese segmento, mientras que la AUH junto a la Prestación Alimentar logran mitigarla en 20 puntos.
El informe concluye que las modificaciones en los topes de ingresos redujeron el alcance del tramo 1, cuyo límite pasó de 1,28 canastas en 2018 a 0,76 canastas en la actualidad. Ante este escenario, la UCA propuso ajustar periódicamente las escalas según la canasta, reforzar las asignaciones de las categorías inferiores y atar la tarjeta alimentaria al costo de los alimentos para frenar el retroceso social.

