La cartografía de los territorios y los cuerpos en Argentina revela una profunda interconexión entre la salud comunitaria y las problemáticas socioambientales derivadas del modelo extractivista. Una iniciativa impulsada por el Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario ha desarrollado cinco mapas participativos que ilustran cómo las enfermedades y la contaminación emergen directamente de prácticas extractivas, al mismo tiempo que visibilizan la existencia y resistencia de las comunidades como cuerpos vivos. Este trabajo, fundamentado en la categoría de “cuerpo-territorio” propia de los feminismos decoloniales y los pueblos indígenas, ha permitido construir un diagnóstico integral de la salud socioambiental a lo largo de diversas regiones del país, abarcando desde la Patagonia hasta el Noroeste, el Noreste, Cuyo y el Centro. La metodología incluyó cuarenta talleres de educación popular que contaron con la activa participación de organizaciones socioambientales, campesinas e indígenas, complementándose con rigurosa bibliografía científica para validar y contextualizar las percepciones locales.

Estos mapas detallan tanto los “procesos malsanos” como los “procesos protectores” que configuran la realidad de cada región. En la Patagonia, por ejemplo, se visibiliza la crisis hídrica, la megaminería, la explotación de hidrocarburos y el fracking, representados en una imagen simbólica de una mujer-mapa cuyo cuerpo porta las marcas de estas intervenciones. El Noroeste denuncia la producción de cítricos con agrotóxicos, el monocultivo de caña y la violencia institucional. La región Centro expone el extractivismo urbano, la caza indiscriminada y la proliferación de infraestructuras contaminantes. Cuyo enfoca en la extracción de hidrocarburos, el fracking y la megaminería de litio, mientras que el Nordeste subraya la falta de acceso a la tierra, el monocultivo de pinos y las hidroeléctricas. Cada cartografía no solo identifica las amenazas ambientales, sino que también registra indicadores de salud mental, incidencia de neoplasias y afectaciones en los sistemas respiratorio, endocrino, reproductivo, dérmico y digestivo, ofreciendo una visión holística de los impactos en la población.

La construcción de estos mapas ha sido un proceso de empoderamiento, donde las voces de las comunidades han sido el eje central. En La Pampa, los talleres revelaron la profunda herida histórica del desvío de ríos, llevando a los participantes, incluidos crianceros del oeste provincial, a identificar en sus propios cuerpos las dolencias y los impactos del despojo hídrico, las fumigaciones y el desarraigo. En Río Turbio, Santa Cruz, una localidad forjada en torno a la minería del carbón, la discusión sobre la salud ligada a la actividad extractiva desafió la identidad misma de la comunidad, llevando a una colectivización de las afecciones físicas y mentales. En el Chaco, la mirada histórica se extendió desde la extracción de quebracho hasta el avance del monocultivo de soja, documentando el desmonte, las fumigaciones y la pérdida de lenguas originarias, al tiempo que se trazaba la emergencia de los colectivos de resistencia. La preponderancia de mujeres en la coordinación de estos talleres y su representación en los pósters regionales subraya el rol fundamental de las defensoras territoriales en la articulación de estas luchas y en la reproducción de la vida, convirtiendo la ciencia en una herramienta accesible para la transformación social. Este trabajo integral, con sus materiales y conclusiones disponibles para su descarga, busca que las universidades ratifiquen y difundan lo que los pueblos denuncian y resisten.

Fuente: agenciatierraviva.com.ar

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