La artista Natalia Tealdi se sumerge en una profunda exploración sobre la representación de los cuerpos y los entornos afectados por la contaminación, planteando una serie de interrogantes esenciales acerca de cómo el arte puede abordar las complejas realidades de la degradación ambiental y sus repercusiones humanas. Su obra trasciende la mera observación, proponiendo una reflexión crítica sobre la interacción entre la vida y la muerte, y entendiendo la fotografía y la agricultura no solo como disciplinas técnicas, sino como categorías históricas y culturales que mantienen un vínculo intrínseco con la existencia, la vulnerabilidad y la resiliencia en contextos de alteración ecológica. Esta perspectiva busca generar conciencia y visibilizar problemáticas que, a menudo, quedan relegadas al ámbito de lo invisible o silenciado en el debate público.

En su laboratorio experimental, Tealdi desarrolla una investigación pionera que indaga en las transformaciones de la imagen, empleando un innovador proceso de revelado fotográfico basado en clorofila. Este método, que fusiona técnicas artesanales con una mirada contemporánea, subraya la conexión orgánica entre la naturaleza y el acto creativo. Mediante procedimientos híbridos y una meticulosa labor manual, la artista reconstruye rostros, grabando impresiones sutiles sobre una variedad de vegetales cultivados en su propia huerta, tales como rúcula, morrones, acelga, hiedra y lechuga. Cada una de estas piezas vegetales se convierte en un soporte efímero y profundamente simbólico, un lienzo vivo que encapsula la fragilidad de la existencia y la intersección entre lo natural y lo artificial en su propuesta artística.

Los retratos que emergen de este singular proceso pertenecen a vecinos y vecinas de los barrios fumigados de la ciudad de Pergamino, una localidad lamentablemente conocida por las severas problemáticas asociadas al uso intensivo de agroquímicos. Al elegir a estas personas como protagonistas de su trabajo, Tealdi no solo les confiere una visibilidad crucial, sino que también materializa una denuncia artística contundente sobre una realidad que impacta directamente en la salud y el bienestar de estas comunidades. Su obra se erige como un testimonio visual y poético de las secuelas de la contaminación, interpelando al espectador a confrontar la crudeza de la afectación ambiental a través de la representación íntima de quienes la padecen, transformando el arte en una poderosa herramienta de concientización social y ambiental en la Argentina actual.

Fuente: agenciatierraviva.com.ar

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