A pesar de registrar cifras históricas en el comercio exterior y mantener el superávit en las cuentas públicas, la prima de riesgo de la Argentina escaló nuevamente por encima de los 700 puntos básicos. El indicador financiero experimentó un incremento superior a los 300 puntos frente a los mínimos de julio, en un comportamiento desfavorable que también afectó a las acciones locales en el exterior y desmarcó al mercado argentino de las tendencias regionales.
Detrás de este distanciamiento financiero se combinan la cautela ante el cronograma de vencimientos de deuda hacia 2027 y las señales de contracción en el mercado interno. De acuerdo con cálculos de la consultora LCG, el Tesoro deberá cubrir compromisos en moneda extranjera por alrededor de USD 25.400 millones en dicho año, cifra cercana al 4 % del Producto Interno Bruto. El encarecimiento de los rendimientos en los títulos con vencimiento posterior a los comicios presidenciales refleja el recelo de los inversores respecto de la continuidad del esquema monetario y fiscal.
El deterioro de los activos soberanos contrasta de forma directa con el desempeño del frente cambiario y fiscal. Durante septiembre, las ventas externas ascendieron a USD 10.036 millones —el nivel mensual más elevado en trece años— con una suba interanual del 23,5 %, traccionada por un alza del 89,1 % en el rubro de combustibles y energía. Con un saldo comercial positivo mensual de USD 2.976 millones y un acumulado de USD 21.198 millones en nueve meses, el Banco Central adquirió más de USD 1.200 millones en octubre, llevando las reservas brutas a la zona de los USD 50.200 millones en un marco de cumplimiento de metas con el Fondo Monetario Internacional.
Sin embargo, los datos de la economía real alertan sobre el ingreso en una recesión técnica. Luego de una contracción del 0,6 % en el segundo trimestre, las estimaciones de firmas como Outlier y LCG anticipan un nuevo retroceso en el tercer trimestre, dado que el Estimador Mensual de Actividad Económica apenas avanzó un 0,1 % desestacionalizado en agosto y cayó 1,7 % respecto al mismo mes del año previo. Para revertir la caída trimestral, la actividad en septiembre debería haber experimentado un salto cercano al 8,7 %, un guarismo sin antecedentes fuera del rebote pospandemia.
La debilidad interna también queda reflejada en la balanza comercial, donde las importaciones cayeron un 11,2 % en volumen en septiembre, afectando principalmente a los bienes de capital y piezas para la producción. Esta marcha dispar se percibe entre sectores pujantes como la minería —que trepó un 11,1 % interanual en agosto— y el declive en ramas como el comercio minorista, la construcción, la manufactura y el transporte.
El consumo tampoco encuentra factores de apuntalamiento. Informes de Invecq precisan que el empleo asalariado formal en el sector privado restó 65.500 puestos desde diciembre de 2025, al tiempo que el crédito al sector privado acumuló ocho meses sucesivos en retroceso real y se situó 3,5 % por debajo del cierre del año anterior, según Outlier.
A este escenario local se sumó la presión de los mercados internacionales por el incremento en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. No obstante, los analistas destacan que los instrumentos argentinos sufrieron un castigo más pronunciado que sus pares de la región, lo que sitúa la atención financiera en la capacidad del Gobierno para consolidar la recuperación de la actividad y disipar la incertidumbre sobre el financiamiento a mediano plazo.

