Una eventual victoria de Flávio Bolsonaro en el balotaje presidencial de Brasil abriría para la Argentina un escenario de reconfiguración diplomática y beneficios económicos directos. Mientras la relación formal entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva quedó relegada a nivel de encargados de negocios tras sucesivos cruces verbales, el mandatario argentino ya felicitó al candidato opositor tras la primera vuelta con la intención explícita de “empezar a trabajar juntos”.

El principal efecto inmediato se percibe en los precios relativos y la competitividad cambiaria. Brasil representa aproximadamente el 31% del índice de tipo de cambio real multilateral de la Argentina, por lo que una apreciación del real favorece las exportaciones industriales locales sin requerir una devaluación del peso ni presionar sobre la inflación interna.

Las señales financieras ya se hicieron notar el lunes 5, luego de que Flávio Bolsonaro obtuviera el 47% de los votos frente al 45% de Lula. En esa jornada, el índice bursátil Ibovespa avanzó cerca del 9% y superó los 209.000 puntos, mientras que la cotización del dólar perforó los 5 reales al abrir a R$ 4,97 frente a los R$ 5,2165 del viernes previo. Días antes de los comicios, los análisis de Goldman Sachs proyectaban una divisa brasileña en torno a R$ 4,50 en caso de un triunfo opositor, en contraste con un nivel cercano a R$ 5,80 si triunfaba el actual oficialismo.

Pese a la distancia ideológica entre las administraciones actuales, la dinámica comercial se mantuvo activa en los últimos meses. En 2025 el intercambio bilateral trepó a USD 31.195 millones, su mayor registro en 13 años, y entre enero y agosto de 2026 el déficit para la Argentina se redujo de USD 4.119 millones a USD 1.635 millones. No obstante, las empresas de ambos lados de la frontera reclaman un ámbito de negociación política que permanece cerrado.

La prioridad sectorial más urgente se concentra en la industria automotriz, que genera cerca del 40% del comercio bilateral y cuyo régimen actual vence el 30 de junio de 2029. Las asociaciones empresariales Adefa y Anfavea remarcan que 2029 “es ya”, debido a que las decisiones de inversión en las terminales se toman con un horizonte de cinco años. En la actualidad, el esquema avanza hacia el libre comercio con un arancel común extrazona del 35%, aunque en Brasil existen sectores dispuestos a bajar esa tasa externa al 20% para hacer frente a los vehículos chinos, que representaron el 60% de los 270.000 modelos electrificados que ese país importó en 2025.

Otro carril relevante involucra a la minería y la energía, especialmente a través del gas y el petróleo de Vaca Muerta, con posibilidades de asociación en gas natural licuado y fertilizantes mediante convenios directos. En cambio, en el terreno agropecuario las chances de expansión son más acotadas a mejoras sanitarias, dado que ambos países son competidores directos en productos como soja y carne vacuna.

En el tablero regional, la afinidad entre Milei y Bolsonaro podría acelerar los reclamos de flexibilización interna del Mercosur. El presidente argentino propuso en diciembre de 2025 transformar el bloque en una zona de libre comercio y permitir negociaciones externas autónomas, en un contexto donde el país solicitó su adhesión al Cptpp e inició tratativas con Emiratos Árabes Unidos. Por su parte, Flávio Bolsonaro planteó ante autoridades comerciales estadounidenses revisar las restricciones del pacto regional, iniciativa cuya primera prueba formal tendrá lugar en la cumbre de Montevideo el próximo 4 de diciembre, más allá de que Brasil conservará su pertenencia a los Brics debido a la trascendencia de China como inversor y comprador de materias primas.

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