A una década de su lanzamiento el 26 de octubre de 2016, el billete de $200 ilustrado con la Ballena Franca Austral muestra un deterioro casi total en su capacidad de compra. Una suba inflacionaria acumulada superior al 12.414% pulverizó el valor real del papel moneda, que hoy cuenta con un rol sumamente marginal en la economía diaria de los argentinos.

De acuerdo a las estadísticas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la cantidad de unidades en la calle cayó notablemente. Hacia fines de septiembre se contabilizaron 195,8 millones de ejemplares vigentes, una cifra muy lejana al récord histórico registrado a mediados de 2022, cuando la circulación trepó a 497 millones.

El retroceso frente a la canasta alimentaria básica elaborado por el Indec es contundente. Diez años atrás, este billete servía para adquirir 5,9 kilos de pan francés que cotizaba a $34, mientras que con el valor presente de $4.958 únicamente rinde para 40 gramos. Una merma semejante padeció la harina común 000, que pasó de costar $10 el kilo a $1.098, reduciendo el alcance del billete de 19,2 kilos a apenas 0,18 kilos.

El panorama en almacén se repite en el arroz blanco, cuyo valor subió de $18 a $1.905 el kilo, achicando el poder de compra de 10,8 unidades a solo 0,10. El kilo de azúcar trepó de $16 a $1.598, pasando de rendir 12,7 kilos a 0,13 kilos, en tanto que la sal fina de medio kilo varió de $12 a $1.540, reduciendo el poder adquisitivo de 16,5 paquetes a solo una fracción de 0,13. Por su parte, el envase de aceite de girasol de 1,5 litros saltó de $46 a $6.982, por lo que antes alcanzaba para 4,3 unidades y hoy se precisan 35 billetes de $200 para costear uno solo.

En el rubro de las carnes y derivados, el asado se posicionó como el artículo más costoso entre las mediciones oficiales al pasar de $108 a $16.836 el kilo, pasando de rendir 1,9 kilos a únicamente el 1% de esa cantidad. El pollo entero también reflejó esta tendencia al saltar de $36 a $4.788, disminuyendo la capacidad de compra de 5,5 kilos a escasos 0,04 kilos.

Los productos lácteos y avícolas evidencian pérdidas similares. En 2016, los $200 cubrían 11,4 sachets de un litro de leche fresca que valía $18, mientras que frente al precio actual de $2.071 solo cubre una décima de litro. El queso cremoso subió de $121 a $14.603 el kilo, pasando de dar acceso a 1,7 kilos a escasos 0,01 kilos, y la docena de huevos se incrementó de $31 a $3.941, exigiendo hoy 20 billetes de esta denominación para comprarla completa.

El segmento de energía y movilidad urbana registró bajas drásticas en las prestaciones adquiribles. Mientras que en 2016 se podían cargar 11,7 litros de nafta súper a $17 por litro, la tarifa actual de $2.090 solo permite obtener 0,10 litros con el mismo papel moneda.

El boleto mínimo de colectivo del AMBA bajo jurisdicción nacional protagonizó la contracción más marcada del relevamiento: pasó de valer $6, permitiendo realizar 33,3 trayectos, a fijarse en $743. Con este nuevo cuadro tarifario, los $200 no alcanzan para abonar siquiera la tercera parte de un pasaje, coronando un escenario donde el billete ya no alcanza para pagar ni una sola unidad entera de ninguno de los 16 bienes y servicios analizados.

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