El Poder Ejecutivo comenzó a redirigir sus esfuerzos económicos hacia la reactivación del consumo y la actividad con la mirada puesta en las elecciones del próximo año. Aunque Javier Milei conserva competitividad, las encuestas sitúan su intención de voto cerca del 38%, un nivel que descarta un triunfo en primera vuelta y deja abierto el desenlace de un eventual balotaje. En este marco, el equipo oficialista reconoce que la calma cambiaria y una inflación mensual inferior al 2% no resultan suficientes por sí solas para garantizar el éxito en las urnas.
La Casa Rosada proyecta dejar atrás la recesión técnica que afectó al segundo y tercer trimestre del año. Las previsiones oficiales estiman una suba del 1,8% en el Producto Bruto Interno para el cuarto trimestre, respaldada por un superávit comercial mayor a los USD 25.000 millones, exportaciones sin precedentes y una continua absorción de reservas por parte de la autoridad monetaria. No obstante, el dinamismo observado en sectores como Vaca Muerta o la minería aún se concentra en provincias como Neuquén y San Juan, distritos con bajo impacto cuantitativo sobre el padrón nacional frente a las grandes urbes donde el derrame todavía no se percibe.
La recuperación del poder adquisitivo constituye uno de los ejes centrales de esta etapa. Frente a las subas salariales registradas por el INDEC tanto en el ámbito público como en el privado y el empleo informal, el Gobierno busca aliviar los gastos fijos para recomponer el ingreso disponible. Esta línea incluye decisiones como el congelamiento temporal en noviembre de los boletos de colectivos interjurisdiccionales entre la provincia y la Ciudad de Buenos Aires, además de la postura adoptada en YPF. Pese a que su CEO, Horacio Marín, admitió un desfasaje del 25% entre las pizarras y la cotización internacional del Brent —situada por encima de los USD 110—, la petrolera descartó incrementos inmediatos.
El estímulo crediticio conforma la otra herramienta fundamental para motorizar la economía real. Las autoridades del Banco Central, Santiago Bausili y Vladimir Werning, remarcaron que “están dadas todas las condiciones” para expandir las colocaciones, apoyadas en una baja morosidad y un exceso de liquidez bancaria. A la par del impulso de las líneas hipotecarias fondeadas mediante el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, se autorizó a las entidades a prestar en moneda extranjera hasta el 15% de sus depósitos a firmas no generadoras de divisas.
En el plano financiero, la plaza local logró sortear la reciente volatilidad regional con escasas variaciones en la divisa formal y una brecha con el contado con liquidación que se situó entre el 5% y el 7%. Al respecto, desde Quantum Finanzas señalaron: “En Argentina, ni el tipo de cambio oficial ni el CCL prácticamente se movieron con el resultado electoral en Brasil. En lo que va del año el dólar oficial se depreció 5,5% nominal, lo que implicó una apreciación real del 14,5%”. A pesar de esa estabilidad, los títulos soberanos retrocedieron y el riesgo país se ubicó sobre los 800 puntos básicos, lo que posterga el ingreso masivo de fondos del exterior. Sobre este punto, el director de Delphos Investment, Leo Chialva, puntualizó: “Los administradores de cartera del exterior que siguen Argentina ya perdieron mucho en 2019. Y si no están más el que lo reemplazó sabe que arriesga mucho. Por eso, es difícil que haya compradores fuertes hasta no conocer el resultado de las elecciones el año que viene”.
El panorama hacia 2027 mantiene condicionantes tanto externos como locales. La administración libertaria sigue de cerca los comicios en los Estados Unidos y la evolución del conflicto con Irán por su incidencia directa en la cotización de los hidrocarburos. Puertas adentro, las demoras para consensuar con los gobernadores una reforma que elimine las primarias abiertas representan una advertencia para los inversores, ya que una confirmación de las PASO podría desatar un proceso prematuro de cobertura cambiaria.

