La dirigente campesina Rosa Amorim se convirtió en la primera mujer del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en llegar al Congreso Nacional de Brasil como diputada. Con 29 años, la legisladora oriunda de Pernambuco e integrante del Partido de los Trabajadores (PT) asume su banca con el objetivo de disputar la agenda del agronegocio en un parlamento que cuenta con una amplia mayoría conservadora y afín a los intereses ruralistas.
Amorim, quien es negra y lesbiana, forma parte del grupo de 38 representantes LGBT+ que lograron una banca en la cámara baja, además de integrar la comitiva de cuatro dirigentes del MST electos para esta etapa legislativa. Su trayectoria política combina la militancia estudiantil, la lucha territorial y su anterior labor como diputada estadual en Pernambuco, cargo que ocupó luego de coordinar durante la pandemia una red de cocinas comunitarias para paliar la falta de alimentos en barriadas populares.
Desde su nuevo rol parlamentario, la legisladora buscará impulsar la conformación de una bancada abocada a la agricultura campesina, familiar y agroecológica. Su propuesta central consiste en transformar la estructura de producción de alimentos en el país para frenar el uso intensivo de químicos. En ese sentido, la flamante diputada señaló: “Queremos que Brasil deje de ser uno de los países que más venenos y agrotóxicos consume”.
La experiencia previa en las cocinas solidarias, convertidas en política pública en 2023 bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, constituye uno de los pilares de su mirada social. Sobre el impacto de estas iniciativas comunitarias que conectan la producción rural con los centros urbanos, Amorim remarcó: “Alimentamos al pueblo porque con comida en la panza podemos tener mentes pensantes y con mentes pensantes podemos organizarnos”.
Pese al respaldo del Poder Ejecutivo a las demandas campesinas, la parlamentaria advirtió que más del 80 por ciento de los escaños del Congreso responden a los grandes productores agrícolas. Para superar este obstáculo, Amorim planteó la necesidad de combinar las ocupaciones y la movilización popular con la disputa electoral y un debate cultural que derribe la estigmatización sobre las organizaciones rurales. De acuerdo con su postura, esta estrategia conjunta resulta clave no solo para defender la soberanía territorial brasileña, sino también para frenar el avance de la extrema derecha en toda América Latina.

